Historia de la Katana

6 marzo 2006, Lunes at 11:26

Para el “Shogun” y el “Daimyo”, las espadas y otras armas, tenían un importante significado, el cual representaba su categoría, entre éstas, las espadas fueron consideradas como el alma del Samurai, y fueron usadas en público sujetas al “Sash”, decorando su residencia y fueron la más apreciada posesión del Samurai. Aún durante tiempo de leyasu, una vez que las armas de fuego empezaron a fabricarse en cantidad desde la última mitad del siglo XVI, las espadas habían dejado de ser las más importantes armas de la guerra.

Sin embargo, las espadas continuaron para ser usadas como objeto de ceremonia de primera importancia, y aún después de alcanzar la paz, las espadas mantuvieron su significado como regalos importantes intercambiados entre el “Shogun” y el “Daimvo”. El “Tachi” fue el más apreciado entre las espadas, seguido por la “Katana’ y el “Wakizashi”.

Las hojas de las espadas fueron montadas con empuñaduras apropiadas: decorativas empuñaduras “Tachi” para la ocasión de las ceremonias de la corte, y más empuñaduras militares para la “Katana” y el “Wakizashi”, cuyos accesorios reflejaban un alto nivel de acoplamiento técnico en las artesanías como los trabajos de los metales y el lacado.

Empuñaduras de relevante calidad fueron también ofrecidas como regalos oficiales para acompañar a. famosas hojas. Los altos escalones de la categoría del guerrero como el “Shogun” y el “Daimyo” destacaron coleccionando espadas de gran calidad artística de las épocas “Heian” y “Kamdkura”. No solamente atesoraron las solas hojas, sino también ordenaron empuñaduras de espadas durante el periodo “EDO”, fomentó el desarrollo en la artesanía del metal, incluyendo una cualificada línea de grabados, incrustaciones y otras elaboraciones técnicas, con las cuales decorar la superficie de la monturas de las espadas.

EL ALMA DE LA KATANA

Colgada del cinto de los guerreros armados, las espadas samuráis definían la esencia de los hombres que tan orgullosamente las llevaban. A partir de simples vara de acero los Kaji, maestros armeros del antiguo Japón,
Y creaban soberbias espadas, que eran también emblemas de valor, autoridad fuerza. Tanto si eran una larga y curvada katana, una hoja tachi, o una corta daga, esas espadas japonesas se convirtieron en la leyenda en el “alma viviente del samurai”.
El mortal borde de la katana, colgaba siempre con el filo hacia arriba del cinturón del guerrero. Un arma tan espléndidamente forjada requería doblar repetidamente el metal caliente, lo que daba como resultado más de cuatro millones de capas de acero.

Desde el siglo XII, cuando los samuráis estaban al servicio de los señores de los clanes, no existía en Japón tesoro más grande que esas espléndidamente forjadas espadas. Ninguna acumulación de plata u oro, ninguna parcela de tierra, podía compararse en valor con esas hojas. Las espadas de maestros como Go Yoshihiro, Masamune y Yoshimitsu, se hallan entre las más espléndidas jamás elaboradas.
En forjas situadas en el centro de Japón -una región en minas de hierro-, los armeros refinaron el arte que en el siglo XII el emperador Go Tiba decretó digno de príncipes. El kaji y sus ayudantes empezaban su trabajo con una limpieza ritual de cuerpo y mente. Vestían de blanco, se adherían a dietas estrictas, y prescindían de los placeres mundanos que podían distraerles de sus letales obras maestras. Tras colgar tiras de papel de arroz por toda la forja para ahuyentar los malos espíritus, los fabricantes de espadas iniciaban lo que podían ser dos años de trabajo agotador trabajo para una sola espada.


Tras colocar barras de metal en crudo en un horno de carbón -un artesano aconsejaba calentar el hierro hasta que se vuelve “del color de la luna a punto de ponerse en su viaje en una noche de junio o julio”-, el herrero extraía martillando, las impurezas del hierro. Luego golpeaba la barra hasta dejarla plana y la doblaba y la martillaba de nuevo de nuevo, sumergiendo el resplandeciente metal en agua entre los fieros golpes. Empezando con diez kilos de metal, un herrero producía una hoja de un solo kilo a kilo y medio, extrayendo del hierro varios millones de finas capas de acero. El kaji prestaba mucha atención al filo de la espada y el hamon, o textura, la línea ondulada desde el tang (extremo de la empuñadura) a la punta. Las variaciones en el hamon realzaban la belleza y la fuerza de la espada. Tras conseguir el grado adecuado de dureza, flexibilidad y filo -así como una hermosa textura-, el herrero daba a la hora un baño final y luego a menuda grababa su firma en ella.

Tras proporcionar a la pulida hoja una tsuba, o guarda, así como una empuñadura, una vaina y otros accesorios, el herrero presentaba su creación al samurai, que podía darle un nombre, como si la espada tuviera vida propia.

fuente: http://www.museodelarma.com

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