Paz

23 noviembre 2008, Domingo at 12:17 1 comentario

“Ir a pie hasta Epidauro es como caminar hacia la creación. No se busca nada más, no se pide nada más. Se calla, reducido uno al silencio por esta calma de los comienzos misteriosos. Las palabras, si se pudieran pronunciar, se convertirían en melodía. No hay nada aquí que se pueda coger, atesorar o acumular; solamente existe el socavón de los muros que aprisiona el espíritu. El paisaje no huye ante uno; se instala en los lugares abiertos del corazón; afluye en masa, se acumula, desaloja lo que hay. No es un paseo a través de algo —digamos la naturaleza, si se quiere—, sino que se participa en una derrota, en una derrota de las fuerzas de la concupiscencia, de la
malevolencia, de la envidia, del egoísmo, del odio, de la intolerancia, del orgullo, de la arrogancia, de la astucia, de la duplicidad y del resto.
Es la mañana del primer día de la gran paz; la del corazón, que viene con la abdicación y el renunciamiento. Tuve que ir a Epidauro para conocer el verdadero sentido de la paz. Como todo el mundo, usaba esta palabra sin que ni una sola vez me diera cuenta de que usaba una impostura. La paz no es lo contrario de la guerra y de la muerte; es lo contrario de la vida. La pobreza de la lengua, es decir, la pobreza de nuestra imaginación o de nuestra vida interior ha creado una
ambivalencia absolutamente falsa. Hablo aquí, naturalmente, de la paz que sobrepasa todo entendimiento. No hay otra. La paz que conocemos la mayoría de nosotros no es más que el cese de las hostilidades, una tregua, un interregno, un momento de calma, una pausa, todo cosas negativas. La paz del corazón es positiva e invencible, no exige condiciones, no requiere salvaguardias. Es, simplemente. Si es victoriosa, es una victoria muy peculiar, ya que descansa por entero en la abdicación y en el renunciamiento voluntarios. No hay para mí ningún misterio en la naturaleza de las curas que antiguamente se operaban en este gran centro terapéutico del mundo. Aquí el curado
encuentra él mismo la curación, paso primero y esencial en el desarrollo de un arte que no es médico, sino religioso. El paciente se curaba antes de empezar la cura. Los grandes médicos han dicho siempre que la naturaleza era la gran curadora. Es solamente una verdad parcial. La naturaleza sola no puede hacer nada. La naturaleza puede únicamente curar cuando el hombre ha sabido reconocer el lugar que ocupa en el mundo.”

Henry Miller – El coloso de Marusi.

“Cuando el poder del amor sea más grande que el amor al poder, el mundo conocerá la paz.”
“When the power of love overcomes the love of power the world will know peace.”

Jimi Hendrix.

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Instantes Ecologismo sin veganismo

1 comentario Add your own

  • 1. sara  |  25 noviembre 2008, Martes a las 10:21

    A mí también me gusta lo que escribes.
    Todo bien, en mi línea. Nos vemos cuando vuelvas?

    Responder

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